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domingo, 11 de marzo de 2012

LA TARTAMUDEZ: FACTORES Y PROBLEMAS PSICOLÓGICOS

Indudablemente la causa de la tartamudez es multifactorial. Existen factores fisiológicos cómo indican los estudios que muestran que el cerebro se activa de forma diferente en los tartamudos que en los que no tartamudean. También es conocido desde hace tiempo el fenómeno de que cuando se introduce un retraso en la retroalimentación auditiva se produce tartamudez en las personas fluidas y los que tartamudean hablan fluidamente.
Sabemos también que hay factores genéticos, porque una gran cantidad de personas que tartamudean tienen ascendientes directos con ese problema; aunque no es una norma obligatoria.  Así mismo, los estudios epidemiológicos indican que por cada mujer que tartamudea hay cinco hombres que lo hace.
Los factores sociales tienen una gran influencia: la exigencia de hablar fluido y deprisa, pone en desventaja a las personas que sienten y admiten esa presión, cuando hay que darse el tiempo necesario para pronunciar. También el desprecio y la risa que provoca tartamudez en algunos, sobre todo en la infancia, tienen una influencia importante en la aparición y mantenimiento de este problema.
FACTORES PSICOLÓGICOS EN LA TARTAMUDEZ
Pero los factores psicológicos son fundamentales. Ya los factores sociales citados ponen en más en peligro a aquellos que psicológicamente son más influenciables psicológicamente por las presiones o las críticas. Pero la ansiedad es esencial en la aparición y el mantenimiento de la tartamudez. Sabemos que un suficiente nivel de ansiedad precipita la tartamudez en la mayoría de las personas y que los tartamudos tartamudean más cuando tienen ansiedad. Se da el círculo vicioso: tartamudean porque están ansiosos y están ansiosos porque tartamudean. Ese círculo vicioso indica que la lucha contra la tartamudez aumenta su probabilidad, porque produce ansiedad.
La tartamudez no es un problema de dificultad o imposibilidad de pronunciar, porque los tartamudos son capaces de pronunciar fluidamente todas las palabras; sin embargo, se pueden bloquear con cualquiera de ellas, dependiendo de la situación y del estado psicológico en el que se encuentren, que depende de forma nuclear del nivel de fluidez que prevén. Prácticamente todos los tartamudos hablan fluidamente cuando están solos, es decir, la tartamudez es situacional, aunque depende también del estado psicológico de la persona. Cuando se acostumbran a una situación y baja la ansiedad que les causa, aumenta su fluidez. Por ejemplo, tenemos la experiencia de tratar a personas que tartamudean, que hablan fluidamente en la consulta, pero no lo hacen en la calle, ni en su ambiente cotidiano. Concluyendo: la reacción psicológica que se da en un determinado contexto está en el origen y mantenimiento de la tartamudez. Los últimos avances de la psicología científica nos permiten entender e influir de forma más eficaz en procesos como la tartamudez que son automáticos, y por tanto inconscientes, y que por su frecuencia y repetición están fuertemente arraigados.
En mi libro "Curso Terapéutico de Aceptación I y II" se ponen al alcance de cualquiera, las leyes que rigen nuestro comportamiento y que están en el origen de problemas y trastornos como la tartamudez. En él se explica, con mucha claridad y con numerosos ejemplos muy concretos, que si intentamos evitar tener una reacción automática conseguiremos precisamente lo contrario, que aparezca con mucha más probabilidad. En efecto, la lucha por conseguir la fluidez perpetúa  mantiene la tartamudez. Es paradójico y nuestra mente se rebela contra esa idea; pero cuando se conocen y se comprenden las leyes que rigen nuestro comportamiento emocional y automatizado, se puede entender que eso es así.
Me pregunto muchas veces si existiría la tartamudez sin la lucha a ultranza para no bloquearse y mis pacientes ven con asombro cómo mejora su calidad de vida, y su fluidez cuando van abandonando la lucha titánica para no tartamudear que han mantenido durante tantos años.
Pero no es una tarea fácil, como nos decía ya Van Riper, se trata de desaprender y esa es una tarea complicada. Nos decía este autor que más del 90% de la tartamudez está compuesto por todo lo que se hace para evitar el bloqueo. Pero no hacer nada cuando se siente que con toda seguridad no se va a poder pronunciar es muy difícil; sobre todo cuando se despiertan fantasmas de ansiedad social, como el miedo a la crítica del interlocutor, o a perderle porque se aburra o se teme ser interrumpido o menospreciado. Los intentos de evitar las experiencias emocionales asociadas a las consecuencias de los bloqueos como la impotencia al hablar, la frustración, la rabia, la vergüenza, etc. son otros factores que alimentan esta lucha.
En el caso de los adultos que tartamudean, los profesionales estamos ante un problema de difícil tratamiento, porque se trata de una forma de hablar que se ha hecho un hábito consistente durante muchos años, lo que hace difícil el cambio. Además, los factores emocionales asociados son fundamentales y paradójicos en su esencia.
Todos los días y a todas horas, los que tartamudean tienen presente la sensación que les indica el nivel de fluidez que pueden alcanzar y la consideran totalmente fiable: están convencidos de que predice la probabilidad de la falta de fluidez. Esa sensación ocupa un lugar predominante en su vida, sienten que para lograr pronunciar y no ser tartamudo hay que seguir lo que el impulso les aconseja: luchar para lograr la fluidez; pero es una lucha inútil, frustrante y totalmente contraproducente.
Por eso, en el "Curso Terapéutico de Aceptación" se explica de forma clara y fácilmente comprensible qué son esas sensaciones e impulsos y cómo marcan nuestro su comportamiento. Este libro nos enseña cómo todos automatizamos los pensamientos y así acaban siendo inconscientes, hasta que finalmente se resumen solamente en la sensación que despiertan en nosotros. Cuando se hacen inconscientes no podemos discutirlos ni dejar de seguir el impulso que despiertan en nosotros. Esto es lo que ocurre a los tartamudos.
En los adultos, desmontar un pensamiento automático tan enraizado como el que comentamos es muy difícil; pero en el Curso se incluye un plan de ejercicios organizado para poder desactivarlos, ponerlos en cuestión y dejarlos pasar sin que guíen nuestra conducta. Se trata de un libro general no dedicado específicamente al tartamudeo, pero es una ayuda valiosísima para aprender a “dejar de hacer” a dejar de luchar para no bloquearse. Tiene la gran ventaja de que ha sido escrito para ser entendido por todo el mundo.
¿ES LA TARTAMUDEZ CAUSA DE PROBLEMAS PSICOLÓGICOS?
Hemos visto la influencia de los factores psicológicos en la génesis de la tartamudez. Además, la tartamudez tiene una influencia enorme en la psicología de las personas. Contrariamente a lo que se suponía hace bastantes años, no es cierto que la tartamudez se deba a un problema psicológico subyacente. Hemos dicho que es la lucha contra el propio bloqueo lo que perpetúa el problema y, la mayor parte de las veces, los tartamudos no tienen otro problema, aparte de su tartamudez y sus consecuencias. Porque el propio tartamudeo causa muchas dificultades y hace más proclive a quien tartamudea para que desarrolle problemas psicológicos.
En muchos casos se dan problemas de ansiedad social, que cursan de forma similar a otros trastornos de ansiedad, como la fobia social. La percepción del control es importante en nuestra salud mental, se sabe que su falta puede provocar depresión y que también aumenta la ansiedad. En la tartamudez suele existir una sensación de pérdida total de control asociada a no dominar una función esencial y cotidiana como es el habla. En mi experiencia clínica me he encontrado con personas que asociaban la pérdida de control del habla con la hipocondría, la depresión, etc.
Una gran lucha de las personas que tartamudean parte de no querer ser tartamudos. Se niegan rotundamente a aceptar esa limitación por sus connotaciones sociales y personales negativas. Cuando finalmente aceptan que lo son, se produce un alivio importante; pero no es una solución, porque si se tiene el concepto de “soy tartamudo” es porque se tartamudea sin remedio, y es difícil sustraerse a la lucha contra las consecuencias negativas de la falta de fluidez. Negarse a ser tartamudo favorece al problema, aceptarlo también; por eso, el trabajo terapéutico que hay que enfrentar en estos casos consiste en flexibilizar el concepto del propio YO para que no tenga ninguna importancia para la persona, para que llegue a ser lo mismo que ser calvo o miope, es decir, para que no marque ni dirija en absoluto la conducta de la persona. La terapia cognitivo conductual de tercera generación, en la que se incluye el "Curso Terapéutico de Aceptación", permite afrontar esta ardua tarea. Como en los otros aspectos mencionados antes, en el curso se establece un programa de ejercicios para la flexibilización del YO. Se consigue así aceptar la imagen social sin entrar en la lucha que lleva obligatoriamente a tartamudear.
En mi libro “Terapia psicológica en el tartamudeo: de Van Riper a la terapia de aceptación y compromiso”, de Editorial Ariel, ya planteaba la concepción de lo que es la tartamudez en los adultos y cómo se puede tratar. Ahora el "Curso Terapéutico de Aceptación" aporta nuevas técnicas de aplicación general y para todas las personas con problemas o no. Esas técnicas nos van permitir dar el siguiente paso: elaborar un protocolo específico para el tratamiento de la tartamudez basado en las terapias cognitivo conductuales de tercera generación.
(Dr. José Antonio García Higuera)